Oración Febrero – Misioneros de la Misericordia

“Ser misionero de la Misericordia, es Mirar como Jesús, Servir como Jesús, amar como Jesús y hacerlo día a día, sin cansarme. Uf, es la aventura más apasionante que vivo cada día de mi vida: la de querer ser misericordia”

AmbientaciónUn día le pregunté a una escolapia misionera que estaba en un Guinea Ecuatorial, que hacía para dar a conocer a Jesús a los niños de aquel país , y ella me contestó:

¿Qué hago para anunciarles el amor que Dios les tiene?

Mirarles como Jesús. ¿Has sentido tú su mirada? Es una mirada llena de ternura, de cariño, de perdón… servirles como Jesús. ¿Recuerdas cómo Él servía a los más pequeños y más necesitados? Escogía a los ricos en pobreza, no a los ricos en bienes materiales. Y para todo esto, yo le pido que me dé su mismo corazón, para amar a todos, sin distinción, como Él nos ama; y hacerlo día a día, sin cansarme. Uf, es la aventura más apasionante que vivo cada día de mi vida: la de querer ser misericordia.

Chicos, ¿queréis que os cuente un secreto?

Me he propuesto hacer una revolución y necesito aliados.

Que ¿qué es una revolución? Es provocar un cambio rápido. Yo me he propuesto provocar la “revolución de la misericordia” en todos los rincones donde pueda; por ello os escribo. ¿Os imagináis el mundo lleno de gestos de ternura, de acciones que expresen el amor de Dios, como si la misericordia fuese un virus y nos picase a todos, y todos tuviéramos el corazón de Jesús para mirar al otro, para perdonar, para ayudar…? ¿Qué hizo Jesús en los tres años que estuvo de vida pública? Cambió el ambiente de aquella tierra de Palestina en un lugar donde el Amor en persona estaba respirando, hablando, actuando… ¡Eso sí que fue una locura, eso sí que fue una revolución! ¿Puedo contar con vosotros? Para aliarse en esta “revolución de la misericordia” hace falta:

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Oración y compromiso misionero

Escuchamos la Palabra: Jn 6, 4-13,

La recreamos en el corazón: Vemos a Jesús, que se compadece de los que tienen hambre; y ¿cómo darles de comer? Andrés se da cuenta de que un niño tiene cinco panes y dos peces, pero ¿qué es eso para tanta gente? Jesús lo toma. Imaginaos la mirada de Jesús a este niño que le entrega todo lo que él tiene. Uf, debió de ser impresionante, imborrable para este niño. ¡Cuánto agradecimiento le mostraría Jesús! Este niño y tantos miles de hombres y mujeres de todo el mundo que entregan a Jesús toda su persona, toda su vida, para que Jesús haga el milagro de que llegue su Amor a todos, de que continúe la revolución de la misericordia que Él inauguró.

Vamos a fijarnos en cómo los misioneros hoy reparten la Palabra de Dios, celebran los sacramentos, entregan su vida para que otros cuenten con la posibilidad de tener un colegio, de ir al hospital si se ponen enfermos, de que alguien les cuide si se quedan huérfanos, y un largo etcétera.

Pensamos un momento: “Y yo, ¿estoy dispuesto a entregar mi vida a Jesús para que Él haga el milagro de llevar su misericordia a otros?”. Para terminar, nos unimos a nuestros hermanos de todos los rincones del mundo que gracias a los misioneros conocen esta oración, y decimos:

Padre nuestro…

  •  Como compromiso podernos elaborar un cartel donde se escriban los gestos concretos de misericordia que estamos dispuestos a realizar, como grupo, para colaborar con los misioneros.
  •  ¿Cómo podemos provocar la revolución de la misericordia? ¿Cuáles son o pueden  ser nuestros gestos concretos?

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