Abrid las puertas a Cristo #pastoralvocacional #escolapias Palabras contra el desaliento

Repetimos mucho que la pastoral vocacional debe cabalgar sobre el contacto y la presencia. Tal vez hoy más que nunca. No hay verdadera pastoral  sin presencia, sin contacto, sin encuentro, sin diálogo, sin comunicación. Por eso, debería ser normal entre nosotras la pastoral “de puertas abiertas”. Algo tan sencillo como permitir que otras vengan a vernos y a estar con nosotras. No se trata de que vengan a escucharnos, o a ayudarnos, o a rellenar nuestros vacíos afectivos, o a leer nuestros magníficos documentos, sino a compartir vida sencilla y normal.

A veces resultan llamativas las dificultades reales para acceder a nuestras comunidades. Un invisible pero eficacísimo cartel de “Prohibido el paso” cierra no pocas de nuestras puertas. Es cierto que necesitamos espacios de intimidad personal y comunitaria que debemos procurar respetar, pero… no nos engañemos; bajo esa consigna cautelar, lamentablemente, lo que se defiende las más de las veces es la incomunicación, el aislamiento, el individualismo, la lejanía y una sospechosa huida del mundo de los hombres. Más aún, ¿no será que queremos evitar que “vengan… y vean”, por lo que puedan encontrarse? Ojos ajenos, y no especialmente críticos, denunciarían malos hábitos, soledades, rarezas, tensiones inútiles, costumbres poco evangélicas… y hasta elementales faltas de educación, higiene o urbanidad.

Dios no puede bendecir una vida fugitiva que ampare miserias. Ignacio de Loyola alerta de que el Maligno tienta con la trampa del ocultamiento. ¡Sometámonos a una saludable cura de oxigenación! Jesús comenzó ofreciendo a los que le preguntaron dónde vivía: Venid y veréis, y se quedaron con él aquel día. Abramos puertas, ventilemos espacios, iluminemos oscuridades, dejemos que penetre la brisa y vivifique lugares lóbregos.

Inventemos y divulguemos iniciativas de “puertas abiertas”. En particular, abramos nuestras comunidades a los jóvenes. Alejarnos del mundo juvenil es un suicidio. No es tan difícil organizar algo sencillo y cuidado. A todas nos hará mucho bien. Desempolvemos así aquel hermoso trabajo que nuestras hermanas realizaban en las porterías, en los pasillos, en los patios, convirtiéndolos en lugares de acogida gratuita y de trato cálido y auténtico.

Dios no puede escuchar con agrado una oración que evita la visibilidad y la presencia. Recemos por las vocaciones, sí, pero con más implicaciones. Expongámonos a esa pastoral de diálogo que nos exigirá cambios pero nos acercará a la vida, a las historias reales, concretas, lugares donde se acuña la vida y la historia de la salvación.

PALABRAS CONTRA EL DESALIENTO. Cartas para animadores vocacionales   (Juan Carlos Martos. Publicaciones Claretianas)

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