ORAR, TRABAJAR Y… ¡SUFRIR! #vocacionescolapia

En ocasiones nuestro trabajo de pastoral vocacional pone a prueba nuestra creatividad y nuestra capacidad de resistencia pastorales. No nos faltan circunstancias y acontecimientos que nos parecen insuperables y amenazan el futuro de la evangelización: defecciones, falta de esperanza, desilusión, arteriosclerosis comunitaria, inoperancia de las iniciativas y otras muchas dificultades que no necesitan elenco. Muchos animadores de la pastoral vocacional nos preguntamos ante estos trances si se puede hacer algo o si todo esto ratifica la crónica de una muerte ya anunciada. Esta carta recoge mis convicciones sobre lo que entiendo que nos toca hacer.

En primer lugar, mantener una mirada de conjunto. En la geografía pastoral de las congregaciones y diócesis hay zonas que están en primavera vocacional y otras que atraviesan lo más crudo del invierno. Una mirada de fe “ecológica” nos debe recordar que la vida es cíclica y cambiante. Primaveras e inviernos se suceden. Una mano oculta mueve el reloj de la historia. Y, de resultas, sólo se cosecha lo que se siembra. A unos nos toca ahora sembrar, y a otros, no despilfarrar la buena cosecha que se está recibiendo. Cada uno como buenos agricultores debemos hacer nuestro trabajo bien y hasta el fin.

En segundo lugar, concretar bien ese trabajo ahora y aquí. Siempre es posible hacer algo en pastoral vocacional. No siempre es posible hacerlo todo, pero sí hay algo que, al hacerlo, hará que avance, al menos en un milímetro, la máquina de nuestra pastoral. Cuidado con los agoreros que nos engañan con sus lamentos fatalistas y estériles que jamás han movilizado nada.

En tercer lugar, siempre es buena hora para abrir brechas por “frentes inéditos” en la pastoral vocacional. Solemos tener presentes, mejor o peor, la oración y el trabajo. Nos falta desempolvar la “pastoral vocacional pascual”: aquella que consiste en ofrecer nuestras pequeñas o grandes mortificaciones, sufrimientos y trabajos, casi nunca elegidos, por la causa de las vocaciones. La Pascua del Señor, a la que nos unimos, es fecundísima. No podemos olvidarlo… ¡no lo olvidemos!

Finalmente, no seamos superficiales y miopes al valorar los frutos cosechados. No nos fijemos solamente en los resultados numéricos… Hay otros patrones de valoración que nunca se verán pero que son imprescindibles. Nuestra tarea consiste en hacer nuestra parte, lo que nos toque ahora y aquí a cada una de nosotras. El resto le corresponde al Señor de l Historia que es quien envía las vocaciones y conduce todo hacia buen puerto.

Afrontemos estos tiempos recios que corren y sus desafíos con fe realista y esperanzada. Donde los demás sólo ven dificultades, descubramos nosotras posibilidades vocacionales que nos impulsen a caminar hacia adelante y hacia arriba.

Cartas para animadores vocacionales   (Juan Carlos Martos. Publicaciones Claretianas)

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