Ser #escolapias #Testimonio Marta Rivera. Un corazón dispuesto a dar

“Ser escolapia hoy” es ser feliz; un regalo; vivir una aventura apasionante; realizarme como mujer; descubrirme amada tal como soy, de forma incondicional, y ser llamada a amar así a las demás personas; dar gratis lo que gratis he recibido; vivir una entrega generosa desde las cosas más pequeñas y cotidianas, y tener un corazón disponible para quien lo necesite.

Para mí, “ser escolapia hoy” es seguir a Jesús y con Él hacer realidad el sueño de Dios: hacer de este mundo un mundo más humano, más justo y solidario, más fraterno, viviendo como lo que somos: hermanas y hermanos, hijos de un mismo Padre.

Para mí, “ser escolapia hoy” es amar, acompañar, soñar y arriesgar.

Y todo esto, ¿cómo? Como lo hizo Madre Paula. Madre Paula fue una mujer fuerte, arriesgada y atrevida; una mujer que en su tiempo supo ver una realidad social que pedía ayuda “a gritos”. Madre Paula supo ver y escuchar la voz de Dios, que le pedía su colaboración para transformar esa realidad social injusta. Ella dijo: “Sí”. Madre Paula, inmersa en Dios, soñó. Lo que parecía un sueño se hizo realidad. Y hoy lo continúa siendo.

Para mí, “ser escolapia hoy” es seguir soñando, como Madre Paula. Es soñar que algún día todos los niños tengan la posibilidad de ir a la escuela y conocer a Jesús; que las niñas y los niños más pobres, con toda la profundidad que esta palabra tiene hoy, puedan ser acompañados en su proceso de crecimiento y encontrar su misión y su lugar en el mundo; que los niños y los jóvenes sean amigos de Jesús, se descubran amados por Él y, con Él, transformen el mundo sembrando esperanza por donde vayan.

Para mí, “ser escolapia hoy” es soñar que las mujeres crezcan en dignidad y adquieran derechos donde todavía no los tienen. La fraternidad universal es posible si la comenzamos a vivir en comunidad, junto con otras hermanas; los niños que viven excluidos y marginados se sienten acompañados por mujeres que viven con ellos y como ellos, tratando de ayudarlos a encontrar un futuro mejor y lleno de esperanza.

Para mí, “ser escolapia hoy” es soñar que al vernos, otras personas se apasionarán también por este proyecto y querrán colaborar con el sueño de Dios como lo hizo Madre Paula.

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