Más locura y menos cordura. #Pastoralvocacional #escolapias

Los que entienden de pastoral dicen que actualmente, junto a la crisis de vocaciones, se da otra crisis no menos profunda de “vocacionantes”. Son muchos los que no se atreven a plantear a los adolescentes y jóvenes su vocación desde las claves de la fe.

Hay quienes no lo hacen por motivos no del todo justificables. Con alguna frecuencia, en la base de esa inhibición suele haber una herida, grande o pequeña, que amordaza la voz del pastoralista. Pero me atrevo a creer que, en la mayoría de los casos, la causa de esas omisiones se debe tan solo a no saber cómo hacer o qué decir para conseguir que esa difícil pregunta sea acogida con interés.

No existen recetas mágicas para todos los casos. Tampoco existen escuelas donde se formen los especialistas en propuestas vocacionales. Hay, eso sí, experiencias muy valiosas de quienes, alguna vez, han osado colarse en el alma de un joven por las rendijas de la confianza y de la honestidad. Nos siguen resultando válidos sus criterios:

Lo primero es ser valientes.. La pastoral vocacional es profética, agresiva, provocativa. No cede a la tentación de esquivar riesgos. Hay un atrevimiento inoportuno y entrometido. Pero hay otro que nace del deseo gozoso de compartir algo grande con otros. ¡De ello se trata!

En segundo lugar, ser prudentes. Hay un momento para hablar y otro para callar. El buen pastor sabe cuándo es el momento oportuno. Normalmente Dios, con su mano invisible, mueve hilos e inventa situaciones propicias donde preguntar: “¿Por qué no te lo piensas?”. Y esa pregunta no resulta ni inadecuada, ni incómoda, ni violenta, ni inoportuna… sino lógica, incluso esperada.

En tercer lugar, apuntar alto. No proponemos a nadie otra cosa que seguir a Jesús. Por tanto, no es necesario pintar de purpurina la propuesta, para hacerla atractiva. Ni mucho menos “descafeinada”. Basta con señalar con el dedo hacia el Señor, como decía Juan Bautista, para que claven sus ojos en Él. ¡Y que sea Él quien les diga el rumbo que deban tomar!

Finalmente, indicar caminos. Se trata de fijar en concreto el trabajo que se requiere en este momento: Unas veces será recuperar la relación personal con Jesús; otras, sofocar el miedo que bloquea y paraliza; otras, afrontar con valentía y sensatez las resistencias familiares; otras, diluir dudas y falta de claridad… Conviene centrarse en aquello que de veras es importante en el momento actual del llamado, sin generalizar ni ser abstractos.

No hay recetas mágicas que consigan milagros. El milagro consiste, más bien, en dejarse llevar por ese “quid” de evangélica sensatez que lleve a muchos agentes de pastoral a decir a otros: “Y tú, ¿por qué no?”. El milagro es no callar. No dejemos que nuestra inhibición sea causa de la sordera de muchos a la voz del Señor. Más locura y menos cordura…

PALABRAS CONTRA EL DESALIENTO. Cartas para animadores vocacionales   (Juan Carlos Martos. Publicaciones Claretianas)

AGOSTO de 2016(2ª): MÁS LOCURA Y MENOS CORDURA